11 mayo 2011

Catarsis Bicentenaria

A días de cumplir 200 años, ocurre algo histórico para nuestro país ¡que merece celebración!
El cambio está ocurriendo en Paraguay. Nadie puede negar que es un proceso tan lento, pero tan lento, pero tan lento que -muchas veces- causa una desesperación sofocante. Pero, OCURRE, aunque a muchos les pese y aunque otrxs sean muy ciegxs para notarlo. 
Hace unos ratos, el senado brasilero aprobó que nos paguen más plata por la energía de Itaipú que nos sobra, y que les vendemos. Esto es un hecho histórico para el país, para todxs nosotrxs, que -y no creo estar exagerando- años atrás ni hubiéramos imaginado ocurriría. No voté por Lugo, porque estaba fuera del país, pero lo hubiera hecho, y no me hubiera arrepentido.
¿Eso significa que soy Luguista y que no veo las flores de cagadas que se mandan él y su equipo? 
No, no significa eso. 
¿Soy Luguista si digo que veo que suceden cosas positivas a mi alrededor, que jamás -en mis 30 años de vida- vi, escuché ni sentí? 
Entonces, sí, soy Luguista. 
Creo que la lista de acciones que se realizan, y que implican mejoras a pequeña o gran escala para el Paraguay es larga, y ocuparía varias ediciones de ABC Color (si éste medio tuviera intensión de darlas a conocer). También sé que hay muchas, muchísimas cosas que se prometieron y no se hicieron, y eso nos tiene que movilizar sin miedos a reclamar, a denunciar.

Va de nuevo. Paraguay está a punto de cumplir 200 años de vida independiente, el famoso bicentenario. Y quiero decir públicamente: ¡yo quiero celebrar! Quiero celebrar que la tricolor está por todos lados, yo que tantas veces pensé que nos habíamos olvidado que teníamos una bandera. Quiero celebrar porque el centro de Asunción, donde nací, crecí y vivo, tiene las calles habitadas aún en la tardecita o noche. Muchas casas y edificios -históricos o no- están pintados e iluminados como nunca. Los lugares históricos están abiertos para visitantes, incluso, a altas horas de la noche. Sí, pareciera una obviedad, pero acá se acostumbra/ba a cerrar museos y sitios de interés cultural e histórico, los fines de semana y los feriados. Durante el día, y sobre todo a la noche ¡no sabes para donde disparar!, hay muchas actividades de todo tipo, y la mayoría son gratuitas. El  Teatro Municipal se desborda cada noche. En fin, resumiendo, quiero brindar por todo lo bueno que traen estos días festivos. Y por supuesto, quisiera que esto sea así para todxs, todos los días de todos los años.

Uf, sí sí, ya sé, esto puede ser una expresión simple, y hasta ilusa. Y la verdad, no tiene muchas otras pretensiones. Yo sé que mucho se puede decir sobre lo que expresé, sé que se puede complejizar de acá a la luna y está todo bien. Analicemos, profundicemos, teoricemos. Pero, por favor, no tires mala onda por el puro placer de hacerlo. 
- Que la cantidad enorme de plata que ahora vamos a recibir de Itaipú se va a robar, sí, es una posibilidad, hagamos lo posible para que no sea una realidad. Ahora, no me vengas a decir que es mejor que Brasil nos siga dando moneditas por nuestra energía, con tal de que acá no se robe ¡Por favor!
- Que se gastó plata en adornos y banderas y festejos por el bicentenario (que ninguno es de tu agrado), para qué, acá no hay nada que festejar. Listo, entonces ningún país latinoamericano debería celebrar su bicentenario (considerando las características de nuestra región), pero bien que te quedaste horas frente a la tele y ponderaste los festejos por el bicentenerio del querido (y muy querido para mí) país vecino. 

¿Celebrar implica olvidar? 
No, no implica olvidar.
No me olvido de lo que me duele este país, no me olvido de lo que me da una rabia feroz, casi cotidianamente. No dudo que hay mucho por hacer, y muchas promesas que cumplir. Tampoco dudo de que los festejos por el bicentenario podrían haber sido mejores en calidad, en contenido y en organización. Sin duda. 
Sigamos construyendo, y sigamos celebrando cada paso.
Soy una convencida, de que necesitamos celebrar lo bueno. Sea esto mucho o poco, sea pequeño o grande. Lo hagamos a veces en soledad o en compañía, pero siempre y cada vez que podamos, celebrar. 


1 comentario:

  1. ¡Fue una celebración! Ni un solo incidente hubo y lo mejor es que no tuvimos que escuchar hurras ni propagandas políticas de otros tiempos.
    Coincido plenamente: Esta fiesta merecía una gran celebración y así fue...

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